8 de Abril: Fuimos al mercado del pueblo para comprar algunas cosas que necesitábamos. Habíamos llevado cortísimas faldas, remeras ajustadas sin nada debajo, ostentando nuestras grandes tetas con sus brutos pezones, y además cortísimas, que dejaban los ombligos al aire. ¿Que digo? si apenas nos cubrían los senos. Cualquiera que estuviera ligeramente inclinado podría mirar la parte inferior de nuestros globos, Como consecuencia de semejante presentación, se produjo la siguiente aventura…
8 de abril:Ana y yo nos hicimos amigas íntimas y entrañables. El sexo se contituía en el centro de nuestras vidas… y de la de cuanto hombre se nos cruzara.
Fuimos al mercado del pueblo para comprar algunas cosas que necesitábamos. Habíamos llevado cortísimas faldas, remeras ajustadas sin nada debajo, ostentando nuestras grandes tetas con sus brutos pezones, y además cortísimas, que dejaban los ombligos al aire. ¿Que digo? si apenas nos cubrían los senos. Cualquiera que estuviera ligeramente inclinado podría mirar la parte inferior de nuestros globos, Como consecuencia de semejante presentación, se produjo la siguiente aventura…
Todos los repositores del negocio, hombres jóvenes. Nosotras repartíamos sonrisas simpáticas y contoneos insinuantes. Yo ya no usaba ropa interior, porque al caminar, mis labios vaginales se frotaban entre sí y me apretaban el clítoris, cosa que me mantenía caliente todo el día. Las dos estaban cada día más putas.
Esa tarde del supermarket me incliné deliveradamente para mirar unos precios en la bandeja de abajo, y dejar que mi corta falda exhibiera los jóvenes y redondos cachetes de su cola. Aquello fue una fiesta para los empleados, que iban y venían por aquel pasillo, no dejaban de mirar ni por un instante mi cola. Ana, al ver que aquello había tenido éxito y atraía las miradas excitadas de los jóvenes empleados, se agachó también mostrando lo suyo.
A partir de ese día, nuestra presencia era esperada por el personal, que no dudaba ya en decirnos las frases más calientes y provocadoras, a las respondíamos con graciosos contoneos de caderas que provocaban más a los hombres.
Una tarde, fuimos de compras, y había muy poca gente. Ese día llegamos hasta el filo del cierre del local, y el encargado de turno aceleró las salidas de aquellos que habían quedado rezagados comprando, a excepción de nosotras.
Las dos estábamos en el fondo del super eligiendo verduras, cuando al darnos vuelta vimos que teníamos atrás al encargado y 5 empleados, todos muy sonrientes. Ya algunos exhibiendo sus pollas enormes y duras como garrotes.
Yo puedo con todos- dije mientras me sacaba la poca ropa que llevaba y me recostaba sobre unas bandeja de frutas.Ni cortos ni perezosos los cinco empleados empezaron a lanzarse sobre mí, que era penetrada por el coño por uno y recibía en la boca la polla del otro, y la mamaba, la tocaba, la pellizcaban salvajemente.
Mientras el encargado del local prefirió a Ana y la lanzó sobre el piso, cayendo abierta de piernas, oportunidad que el hombre no desperdició para chuparle el chocho como si fuera una naranja. En medio de mis gritos de placer porque era follada por uno tras otro, Ana empezó a gemir y a moverse, hasta que el Encargado la penetró de un sólo movimiento arrancándole un grito, y la tomó fuertemente de las tetas para moverla frenéticamente.
Al cabo de diez minutos apenas, Ana había tenido varios orgasmos y el encargado acababa en su interior con tal ímpetu que la leche le chorreaba por los labios de su coño. A esa altura, yo había sido puesta de espaldas, con mi cola bien levantada y recibía la primera de las trancas más gruesas en mi culo, y durante la media hora siguiente no haría otra cosa que ser enculada por los cinco.
El encargado al ver esas escena, acarició las nalgas hermosas y tersas de Ana, la besó y la puso de espaldas.Ella sintiendo cómo sus nalgas se abrían para dejar paso a una polla que ensanchaba su ya ensanchado orificio anal. Y gritó, aulló, gimió y se mordió los dedos mientras el encargado cavaba fuertemente en ella, y arremetía con ímpetu. Pero nada tenía que ver aquello con las embestidas de todo el grupo que recibí yo solita, y que tras el último hombre recibido, quedé quieta de espaldas, jadeando y mirando casi de reojo a mi amiga que estab siendo enculada.
Al final, el encargado despidió a Ana con otro soberano polvo, y las dos tomamos nuestros carros llenos de mercaderías y nos fuimos sin pagar.
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Junio 20th, 2009 at 18:52
Dios ke kaliente ke me dejas, pon mas paginas del diario de mi novia desnuda
Besos. Soledad